viernes, septiembre 26, 2008
jueves, septiembre 25, 2008
miércoles, septiembre 24, 2008
martes, septiembre 23, 2008
lunes, septiembre 22, 2008
sábado, septiembre 20, 2008
INVENTARIOS
Olga
Fue una mujer, Olga, quien le enseñó a manejar las complejas combinaciones de signos que, ante la mirada perpleja de los infantes, desentrañaba con infinita paciencia. Así, bajo la tutela de la robusta maga, emprendió la tarea de llamar por su nombre a las cosas, y con ello, sentir por vez primera la melancolía que conlleva escribir de lo ausente. No se aferren a lo nombrado, decía ella, no podrán recuperarlas luego de escribirlas, déjenlas ir. Lo único que leemos son sus sombras, si acaso palabras, o insignificantes letras para enunciarlas, reconocerlas apenas y distinguir la diferencia entre el día y la noche, entre un sí y un no. Más allá del horizonte común no sabemos a dónde va todo lo que nombramos.
El tiempo pasó, entre cosas irrecuperables para el niño. La maestra tenía razón. Duele la ausencia, y las preguntas de siempre, ¿por qué, y para qué la vida? Mientras escribe, algo comprende, pese al dolor de las cosas que sin remedio pasan. Cuanta razón tenía Olga.
viernes, septiembre 19, 2008
jueves, septiembre 18, 2008
miércoles, septiembre 17, 2008
martes, septiembre 16, 2008
lunes, septiembre 15, 2008
domingo, septiembre 14, 2008
sábado, septiembre 13, 2008
INVENTARIOS
Mares del deseo
Tantos cuerpos semidesnudos, en aquel baño de mujeres, no cabían en la mirada del pasmado niño. La madre no tuvo más opción que cargar con él, ante la impensable idea de dejarlo con alguien mientras ella, y su pequeña hija, se duchaban y vestían a toda prisa luego de estar los tres sumergidos en la alberca del centro deportivo. Un concierto de brazos, dorsos, senos, toallas, ropa interior, sandalias, inundaban y aturdían su campo visual. El vocerío de múltiples sonoridades, y las abigarradas fragancias, incrementaban su inquietud. Eran gigantas a punto de salir a la palestra, concentradas en abluciones secretas, y en el arte de vestirse con hermosos textiles para la batalla. Su permanencia no duró mucho, salió tan pronto como entró, de contrabando, como si nada hubiese visto, qué ingenuo, de aquel húmedo templo de corporeidades. Llevó consigo, en la piel, el peso de muchas miradas y la deliciosa semilla erótica que brotó al transmutar su pueril forma en pez y retornar a los oscuros, e interminables mares del deseo.





















